El exvicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias denuncia una agresión y el robo de su móvil en Galapagar
Pablo Iglesias ha denunciado este miércoles haber sido víctima de una agresión en plena calle cuando regresaba a su domicilio habitual en el municipio madrileño de Galapagar. Según ha relatado el propio exvicepresidente segundo del Gobierno y fundadr de Podemos, los hechos se desencadenaron cuando un joven se aproximó a él de forma hostil y comenzó a increparle e insultarle gravemente en la vía pública.
Ante la persistencia de las provocaciones verbales y con el objetivo de identificar al individuo, Iglesias tomó la decisión de sacar su teléfono móvil personal para comenzar a registrar la escena en vídeo. Fue en ese preciso instante cuando la situación escaló de la violencia verbal a la física, al abalancarse el chico sobre el exlíder político para arrebatarle el terminal de las manos de forma violenta.
Tras lograr despojar al exvicepresidente de su dispositivo electrónico, el agresor emprendió la huida a la carrera por las calles de la localidad madrileña. El suceso obligó a la inmediata intervención de los servicios de seguridad y de las fuerzas del orden público encargadas de la custodia y el patrullaje de la zona residencial en la que habita el político.
El propio Iglesias fue el encargado de hacer público el altercado a través de un mensaje difundido en su perfil oficial de la red social X (antes Twitter). En dicha publicación, el exdirigente detalló la secuencia de los acontecimientos: «Esta tarde un joven me ha insultado mientras volvía a mi casa. Cuando he comenzado a grabarle con el móvil, me ha atacado y me ha quitado el teléfono huyendo a la carrera».
Robo del móvil
La sustracción del dispositivo móvil y la posterior fuga del presunto agresor apenas duraron unos instantes debido a la rápida reacción de los agentes de la autoridad. La Guardia Civil, alertada de inmediato por los hechos acontecidos en las inmediaciones del domicilio, desplegó un dispositivo de localización en el municipio que dio resultados muy poco tiempo después.
Los agentes del Instituto Armado consiguieron interceptar y neutralizar al sospechoso, procediendo a su inmediata detención y posterior traslado a las dependencias policiales. Al respecto de la resolución de la intervención, Iglesias recurrió a la ironía en sus redes sociales para confirmar el arresto del implicado, señalando de forma tajante que al asaltante «no le ha ido bien y ha terminado en el cuartel de la Guardia Civil».
En el mismo mensaje con el que clausuraba su relato de los hechos en internet, el fundador de Podemos quiso dotar al incidente de una lectura marcadamente política. El exvicepresidente enmarcó el ataque dentro de una supuesta campaña de acoso ideológico contra su persona y los miembros de su formación, concluyendo su comunicado de manera contundente: «Los fascistas no van a amedrentarnos».
De forma paralela a la denuncia civil del afectado, el periódico digital Diario Red, medio de comunicación impulsado y dirigido por el propio Pablo Iglesias, procedió a publicar las imágenes del altercado. En el documento audiovisual se puede observar al joven, vestido íntegramente con ropa de color negro, en el momento exacto en el que intenta tapar la cámara del teléfono y evitar ser filmado antes de perpetrar el robo.
Este nuevo suceso se suma a la larga lista de incidentes, escraches y tensiones vecinales que han rodeado el entorno residencial de Galapagar desde que Iglesias y la exministra Irene Montero trasladaran allí su residencia habitual. La vivienda familiar ha sido en el pasado el epicentro de numerosas concentraciones de protesta y objeto de una constante y polémica vigilancia tanto policial como mediática.
Las diligencias correspondientes al asalto y posterior sustracción del teléfono móvil ya han sido puestas a disposición judicial tras la correspondiente denuncia formalizada en el cuartel. Se espera que en las próximas horas se determinen las responsabilidades penales del joven detenido, mientras el entorno del exlíder político insiste en la necesidad de frenar el clima de crispación pública.


